No sé si lo he dicho antes por acá, pero mi querido amigo Miguel Acevedo es sin duda mi “Ave Negra de las Tormentas” personal, (o como quieran llamarle), puesto que es la primera persona en avisarme que falleció alguna personalidad del mundo ñoño. Fue justamente “gracias” a él, que me enteré por guasap que esta vez nos había dejado Harlan Ellison.
Prolífico escritor gringo de más de mil obras, entre cuentos, novelas, guiones y ensayos, murió la semana pasada el día 28 de junio a la edad de 84 años. La verdad es que no he leído mucho de él, pero de lo que me he podido acercar a su obra, sin dudas que con ese poquito me bastó para darme cuenta, de que estaba frente al trabajo de todo un genio de las letras. Y si no he podido disfrutar más de su pluma, igual le echo la culpa a los editores, que no se han interesado por traducirlo y/o editarlo, como debiera a nuestra lengua; que nunca me he encontrado con algún libro suyo en español, salvo unos muy especiales de los que les hablaré a continuación…
Mi primer acercamiento a este artista fue gracias a las ediciones que Ediciones Orbis/ Hyspamérica sacó en los noventa de Visiones Peligrosas. Se trata de una antología de culto que apareció originalmente en los sesenta, que en la colección de la que ya les he hablado fue dividida en 4 tomos, la que a menos que me equivoque, comprende la colección original y su secuela. Debe saberse que el trabajo como compilador de Ellison para esta serie resulta capital para la ciencia ficción, puesto que se preocupó de llamar a los principales autores de habla inglesa dedicados a la ciencia ficción de aquellos tiempos y muchos de ellos eran voces jóvenes que estaban irrumpiendo con sus nuevas ideas, en el género para su variante literaria. Por otro lado, se trataba de historias que se atrevieron a ser rompedoras de esquemas, prejuicios y tabúes, apenas presentados por sus precursores, habiendo mayor sexualidad en sus cuentos y tratando temáticas como la drogadicción, las relaciones interraciales y otras problemáticas que ille tempore eran complicadas tratarlas en este medio.
El primer cuento que me leí de este caballero, estaba contenido en el primer tomo de Visiones Peligrosas, con un título tan sugerente como El merodeador de la ciudad al borde del mundo; lo más increíble era que se trataba de una secuela directa al relato que venía antes de este, Un juguete para Juliette, nada menos que de Robert Bloch (¡Sí, el mismo de Psicosis y al que le he dedicado ya dos posts en mi Cubil). Pues resulta que Bloch, a pedido de Ellison retomó para esta antología su aterradora versión literaria de Jack el Destripador, de un famoso cuento suyo y lo llevó al terreno de la ciencia ficción escrita (puesto que para ser sinceros, ya lo había utilizado en el género, aunque para su impecable guión de un episodio de la serie original de Star Trek). Fue así que el más joven Harlan, quiso homenajear a su colega y amigo, con un texto que bien se podría decir que es lejos superior al que lo inspiró.
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Esta antología altamente recomendable se ha reeditado tantas veces, que se pueden encontrar numerosas bellas portadas al respecto. |
Creo que mi segundo encuentro con este señor fue gracias a esa serie de televisión de culto que es Babilonia 5. Este show, lejos uno de mis favoritos, creado por ese otro maestro de la fantasía científica que es J.Michael Straczynski, lo tenía nada menos que de consultor especializado a lo largo de sus 5 años de existencia, en sus 110 episodios. He ahí un motivo más de por qué razón este programa era (o “es”) tan potente, a la hora de llevar a la pantalla chica toda la magia narrativa de la ciencia ficción. Teniendo en cuenta que su creador se dio el gusto de escribir casi todos los episodios, en la última temporada demostró más todavía su aprecio hacia Ellison, al compartir la redacción del guión de 2 de sus capítulos, como siempre tan potentes tal cual es posible encontrar a lo largo de toda la serie. Los dos capítulos que menciono, solo los pude ver años después, cuando Babilonia 5 ya había terminado, gracias a la magia de lDVD y fue toda una grata sorpresa, enterarme de que se había producido tal dupla de lujo.
Mi siguiente cita con Elison fue por medio de otro de esos programas legendarios y que tan querido resulta ser para mí: Star Trek: La Serie Original. Era mediados de los noventa y yo entones formaba parte del primer fan club dedicado a la creación de Gene Rodenberry; nos llamábamos Zona Neutral y duramos unos 5 años, sacando personalidad jurídica, haciéndonos los trajes y realizando varios eventos; incluso yo di unas cuantas charlas. El grupo era liderado en una primera etapa por un tipo muy extravagante, digno de una historia de lo más freak y un día en una conversación entre los dos, me contó que había salido un listado hecho por los fanáticos gringos, sobre los 12 mejores episodios de la producción sesentera; así fue cómo nació la idea de grabármelos en VHS (¡Qué tiempos aquellos en los que uno cargaba esos videos, que harto bulto hacían, grababa en tiempo real y sufría cuando la cinta estaba muy “carreteada”, había que corregir la imagen con un botoncito del control remoto y se sufría cuando se atascaba y arrugaba!). Yo había visto varios capítulos de niño, pero no tenía mayores recuerdos y gracias a que un canal nacional de la TV abierta los estaba emitiendo remasterizados, había podido disfrutar unos cuantos…Fue gracias a la buena voluntad del “Almirante” Adolfo, que pude contemplar maravillado la célebre historia La ciudad al borde del abismo eterno. Escrita por el autor al que hoy le rindo tributo, trata el tema del viaje en el tiempo (uno de mis predilectos) y nos muestra un romance condenado memorable; ya me la he repetido varias veces e incluso, en un momento, hasta disfruté la fotonovela que una vez me prestaron. Debe saberse, eso sí, que Rodenberry le metió mano al guión de Ellison, lo que le disgustó. Tiempo después salió el libreto original a la venta para gozo de los ñoños, aunque no sé si está en español.
En una tienda de cómics en las que acostumbraba comprar bastante, la Antiyal, hasta que su dueño se puso muy carero, me compré “a precio de huevo” el cómic Vic & Blood, basado en uno de los relatos más famosos de nuestro autor: Un muchacho y su perro. Cuando adquirí esta novela gráfica, no solo lo hice por el nombre del autor de la historia y por el costo tan accesible al universitario sin trabajo que era en aquel entonces, sino que también me atrajo saber que en el apartado gráfico, estaba nada menos que uno de mis caricaturistas favoritos: Richard Corben. Hace casi 3 años atrás, me encontré con varios ejemplares más grandes que el que yo tenía, de esta fabulosa novela gráfica; también estaban baratísimos y no dudé en adquirirlos para regalarle uno a más de un amigo que sabía iba a apreciar mi gesto y lo que le estaba entregndo. Les cuento además que hay una película de los setentas basada en esta pieza, con un Don Johnson bastante joven haciendo del protagonista. No la he visto, pero le tengo ganas a ese filme de clase B. El cuento original aún no he podido leerlo.
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En mis años de universidad formé parte de un taller literario, el que compartí junto a mi querido amigo Marcelo López (fue este mismo, quien hace un par de años atrás, o un poco más, me contó que se había enterado que ante la eminencia de su muerte, Ellison estaba vendiendo al mejor postor su antigua máquina de escribir; sin dudas un dato curioso que era muy propio de su vida, llena de datos más o menos inverosímiles sobre su existencia y que él feliz acostumbraba usar como datos apócrifos para despistar a sus biógrafos). Tal iniciativa se realizaba bajo el alero de los Ficcionautas Asociados, entre cuyos escasos miembros estaba toda una eminencia en la ciencia ficción: el Tío Lucho, el encargado del grupo en trabajar con la variante literaria del género (otro se dedicaba al maquetismo, uno a la ilustración, entre unos pocos más). Recuerdo muy bien que en una ocasión, este se refirió de tal manera a uno de los relatos de Harlan Ellison, que el solo título de tal obra me llevaba a alucinar: No tengo boca y debo gritar. Pues nunca lo he podido leer y todavía me pesa esta deuda pendiente, que hace que más me duela el desinterés de los editores, en sacar a la lengua de Cervantes el trabajo de tan valioso artista. De hecho, a menos que la memoria me falle, el único otro cuento suyo que leí ha sido una impresionante historia de terror, también de nombre muy ominoso: El llanto de los perros apaleados, contenido en un tomo de una de esas preciosas revistas argentinas llamadas El Péndulo y que muy bien logró emular la mítica Nueva Dimensión española. La verdad es que no me acuerdo de qué trataba esta historia, solo me quedó muy grabado su manera tan impactante de referirse a la naturaleza de la violencia, como algo inherente a la condición humana y que sin dudas es capaz de convertirnos en verdaderos monstruos.
Fue durante marzo que me leí con gran gozo por mi parte el magnífico, entretenidísimo y muy edificante ensayo de Stephen King Danza Macabra. Fue así que en el capítulo en el que analiza obras contemporáneas del género del terror, le dedicó un buen apartado a la narrativa de Ellison, mencionando incluso el cuento del que les mencioné arriba. Cuando el llamado Rey del Terror supo que Harlan había fallecido, no dejó de lamentar públicamente su deceso, refiriéndose a él de esta manera:
"No hubo nadie como él en las letras estadounidenses y no lo habrá nunca. Enfadado, divertido, elocuente, inmensamente talentoso."
Definitivamente que uno de tus pares reconozca lo valioso que hay en ti, es uno de los mayores elogios.
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Una foto del recuerdo: 3 grandes de la ciencia ficción, tras la filmación de uno de los episodios emblemáticos de Star Trek. |