Quantcast
Channel: El Cubil del Cíclope.
Viewing all articles
Browse latest Browse all 854

Una obra pendiente (desde hace rato) de Stephen King.

$
0
0

     En 1992 Stephen King inició la que sería considerada como su trilogía femenina, compuesta por tres novelas de distinta extensión y temática (dos realistas, bueno, una más que la otra y otra fantástica) en las que abordó la figura de la mujer en la sociedad norteamericana del presente.  Con posterioridad, se podría agregar una cuarta obra a estas otras, de modo que ahora estaríamos hablando de una tetralogía, gracias a la edición de La Historia de Lisey (2006).  No obstante para ser más exactos, desde principios de su carrera, este autor ha venido escribiendo sobre mujeres, dándole protagonismo en sus narraciones a través de varios otros de sus relatos y novelas.  Sin embargo los 3 títulos que comprenden la trilogía, se hayan interconectadas por detalles significativos, puesto que las vidas de sus personajes principales en un determinado momento llegan a cruzarse (con lo queda claro, que cada una es el reflejo de la otra en cuanto a sus vicisitudes, ya sea en el plano humano, como en lo concerniente a su género y relación con los hombres).
      El Juego de Gerald salió publicado en mayo de 1992, a la que le siguió en noviembre de ese mismo año Dolores Claiborne, mientras que en 1995 apareció Rose Madder.  En cuanto a la primera de estas tres obras, es sobre la que ahora les deseo hablar, ya que recientemente me vi el filme hecho por Netflix, gracias a que fue estrenado hace poco en su parrilla programática. Mi reciente encuentro con esta historia, a medias entre el drama y el terror psicológico, me ha hecho recordar cuánto disfruté de esta lectura allá por la segunda mitad de los noventa, cuando aún era un universitario y mi única preocupación era sacarme buenas notas y aprobar todos mis ramos.
      La trama gira en torno a la madura Jessie Burlingame, quien tras dos décadas de matrimonio junto a su marido Gerald (ambos sin hijos), han decidido reinventar el amor y la pasión entre ambos, practicando una serie de juegos sadomasoquistas.  Es así que se van a pasar una breve temporada, a una casa en las afueras de la ciudad, aislados del resto del mundo y cuando todo parece que iba a estar bien, la protagonista se queda esposada por ambas manos a la cama…Sola y sin nadie que pueda socorrerla, salvo sus recuerdos y dos visitantes inesperados que convierten su experiencia en algo más aterrador aún.
      Mientras Jessie trata de sobrevivir y escapar de su prisión, no le queda otra que realizar un recorrido por su memoria, en el cual el diálogo consigo misma y con algunos de los fantasmas de su pasado, le entregan las claves para salir de su situación.  Pues Jesse no solo está atrapada físicamente al otrora lecho de amor, ahora convertido en una promesa de ultratumba, sino que lleva largo tiempo atrapada de un pasado que ha preferido olvidar (para mantener su cordura) y en el presente ha pasado a convertirse en una mujer-objeto-posesión de su propio esposo.  El viaje interior que realiza, la lleva hasta un triste episodio de su adolescencia y al traer ello al recuerdo, solo recién ahora podrá conseguir la templanza que por largo tiempo le faltó.
       El libro nos lleva a varios niveles del terror y la indefensión: Por un lado está el temor a la muerte, que se encuentra en la posición en la que se enfrenta Jessie en la actualidad, pero que va más allá de estar esposada, siendo que si no logra zafarse de ello, morirá por inanición y deshidratada.  Pues justamente su vida también corre peligro, porque una bestia ha entrado a la cabaña y tras alimentarse del cadáver de su esposo (descubran por ustedes mismos, cómo es posible que Gerald no puede socorrerla), ahora quiere probar de su carne… ¿Y de qué manera puede defenderse, teniendo en cuenta que está (aparentemente) indefensa?
        Luego está el miedo a lo desconocido, algo que colinda con el miedo más infantil e irracional y que en buena parte de la narración no queda claro, si corresponde al producto de la ahora febril mente de la protagonista o si en realidad se trata de la intromisión del mundo sobrenatural.  Todo, debido a que una entidad de aspecto cadavérico comienza a aparecerse a Jessie. ¿Qué quiere en realidad con ella? ¿Quién o qué es? Solo al final, se llega a saber la verdad sobre el ser que la dama llama Luz de Luna.
       El recorrido a través de la memoria, representado además por los interlocutores imaginarios con los que la protagonista mantiene  sus diálogos, aborda un tipo de miedo más propio de los adultos y/o complejo: los demonios internos.  Si bien Jessie debe superar cada una de las barreras físicas que le impiden escapar ilesa, una vez que comienza a recordar y sacar a la luz aquello que reprimió por tanto tiempo, el reencuentro con el pasado, significa asumir sus inseguridades y eso no es fácil.
        Por último se encuentra el miedo a la misma especie humana, fruto de la violencia que conoció de pequeña y con la que lamentablemente mujeres como ella deben vivir día a día, en diferentes grados (no solo física, sino que también verbal y psicológicamente).
       Teniendo en cuenta la encrucijada en la que se encuentra la protagonista, no podía faltar el tema de la resilencia, al tener que superar cada uno de estos temores, haciéndose cargo de sus taras personales, como tratando de liberarse de su prisión.  Por lo tanto, estamos frente a la fortaleza del espíritu humano, para sobrepasar aún las situaciones más extremas.  Es así que Jessie a su manera es toda una heroína, al ser valiente pese a todo.
        Tras aparecer El Juego de Gerald como alternativa literaria y leerlo, pudiendo uno identificar su riqueza temática, así como los enormes atractivos de su argumento, fue fácil fantasear con la idea de una adaptación cinematográfica (recuerdo que en aquella época, poco después de leerme la novela, deseaba que Meryl Streep hiciera de Jessie).  Sin embargo la versión audiovisual nunca llegaba, tal vez por lo complicado de su trama y que en aquellos años de seguro complicaba a los productores o quizás porque hasta cierto punto, pese a sus elementos macabros, la historia se alejaba hasta cierto punto de lo esperado de un libro “de terror” de Stephen King (faltaba aún un tiempo para que se le valorara por su calidad estética, dejando de lado los prejuicios intelectualoides por ser artífice de best sellers, como si ello significara solo basura y/o literatura desechable y escapista).  Al final ningún estudio de Hollywood, ni de los más prestigiosos o los independientes se la jugaron por rescatar esta novela, que en todo caso nunca llegó a convertirse en una de las más conocidas de su autor, pese a su evidente valor…Hasta que llegó Netflix y comenzó a hacer sus propias series y filmes, de un nivel digno de premios y certámenes prestigiosos (Cannes y Sundance), como de la atención de los críticos y el público.
      Estrenada tan solo el mes pasado en el sistema de streaming, fue dirigida por el cineasta estadounidense Mike Flanagan, quien se ha forjado en el cine de terror con varios títulos independientes de terror como Absentia (2011), Hush (2013), Occulus (2013) y Ouija (2016).   La adaptación sin dudas que consigue hacerle honor al material original de King, con una puesta en escena soberbia, apoyada en varios detalles que en su conjunto logran hacer de esta película, una de las mejores que se han hecho en los últimos años sobre algún texto del autor:
        Aparte de la dirección del propio Flanagan, se encuentra el guión coescrito por este mismo, quien consiguió junto a su compañero de escritura armar de tal manera una historia, que igual podía resultar complicada llevar a la pantalla (debido a las técnicas narrativas elegidas por King en este caso concreto); de este modo, consiguió que el hecho de que la mayor parte del argumento ocurriera en un dormitorio, saliese más que bien realizado y en todo momento manteniendo la atención de su público. De igual manera, al reducir la cantidad de interlocutores imaginarios de la protagonista a solo dos, su propio esposo y ella misma, potenció a los personajes al verlos desde otra perspectiva; con ello aprovechó el talento de los actores a cargo y logró convertirlo en un verdadero duelo interpretativo. Asimismo, supo abordar con inteligencia y sin eufemismos el trauma juvenil de Jessie, que tal vez otro cineasta lo habría hecho de manera burda o falto de credibilidad.  De igual manera supo darle su dosis justa de espanto y gore a la puesta en escena, incluso llegando a superar las expectativas de quienes (como yo), esperaban los momentos más macabros de la historia.
      Los actores a cargo hicieron una labor encomiable, siendo los 3 principales en los papeles adultos, artistas con todo una gran filmografía a cuestas, incluyendo importantes películas a lo largo de varias décadas y productos para la televisión notables.  Como Jessie está la preciosa Carla Gugino, quien sin dudas en sus cuatro décadas de vida, sigue viéndose tan despampanante como en su juventud, matizando de manera elogiable los distintos estados por los que pasa su personaje.  Luego encontramos a un varonil y también aún sexy Bruce Greenwood, quien aún mayor que la Gugino (61 años de edad), tiene una todavía más prestigiosa carrera y el cual como Gerald no deja de sorprendernos.  La relación que se da entre estos dos, que en algunos momentos podría llevar a un espectador descriteriado a la risa, en realidad es propia de dos artistas de la actuación que logran compenetrarse de manera ideal, ya que el filme en sí se sostiene mayormente gracias a su química mutua.   A los dos anteriores les sigue Henry Thomas, a cargo de un rol detestable, quien ya había trabajado antes en dos adaptaciones del llamado “Rey del Terror”, con  Desesperación (2006) de Mick Garris y en el episodio El Final de Todo de Pesadillas y Alucinaciones del mismo año.  Por último, no se puede dejar de aplaudir la interpretación de la joven Chiara Aurelia, quien hizo de una quinceañera Jessie y a la que le tocó hacer una interpretación tan complicada (en materia argumental), que gracias a su compromiso con la cinta, consigue completar el cuadro de horror psicológico con creces.
      De igual manera rescatable es detenerse en la ambientación de esta obra, en especial en lo que se refiere a su iluminación.  Pues por un lado, tenemos todo lo que tiene relación con la habitación en la que está la protagonista, para quien las sombras (en especial de noche) toman un aspecto ominoso y siendo esto algo con lo que juega bastante bien la película.  De igual manera, todo lo que concierne al eclipse que observa Jessie en su adolescencia, está fotografiado con tal belleza, que le otorga otra capa sobrenatural a las imágenes, siendo que el flashback dedicado a tal momento, viene a ser fundamental para la trama.
      En poco más de una hora y media, somos testigos de una de esas ingeniosas historias de Stephen King, en las que logra combinar con experticia el horror con el drama más humano; que tal como queda claro en su libro y en esta adaptación, los monstruos sí existen, si bien se encuentran en la vida cotidiana bajo una imagen menos fantasiosa.  Uno no deja de estar expectante y de entretenerse y de seguro para quienes aún no la han visto, les espera más de una sorpresa, que agradecerán por el buen rato frente a la pantalla.

                                                                        
                                                                              Tráiler.

Viewing all articles
Browse latest Browse all 854

Trending Articles