En 2013 apareció un videojuego de ciencia ficción postapocalípico, que rápidamente consiguió la atención de todo el mundo (me estoy refiriendo a jugadores y la gente relacionada con este tipo de entretenimiento): The Last of Us. Su trama transcurre en un futuro cercano y en el cual los protagonistas deben escapar de la devastación provocada por nada menos que un hongo. La mencionada forma de vida ha infectado a la mayoría de la población mundial, convirtiéndola en una especie de zombies caníbales y muy agresivos. Pese a que en primera instancia pareciera una historia más de “lo mismo”, su propuesta logró superar a otros títulos de características similares, debido más bien a su trama original, que iba más allá del tema de los muertos vivientes. Y es que el videojuego prima el dramatismo digno de un buen filme del género y sus propios aspectos técnicos, como artísticos, fueron lo suficientemente sofisticados como para otorgarles un montón de premios, además de seguidores y, como no, ganancias millonarias. Incluso la gente que no ocupa su tiempo a estos productos, como su humilde servidor, supo de su existencia y en mi caso concreto al informarme de que su banda sonora, compuesta por Gustavo Santaolalla, bien valía la pena ser escuchada, me la descargué hace tiempo ya y de ese modo pude comprobar que era cierto lo que decían de ella (aunque reconozco que hay videojuegos con mejores soundtracks o que al menos a mí me han gustado mucho más). Sin embargo, no supe de qué iba su trama hasta recién el año pasado…
HBO anunció que iba a llevar a la pantalla chica el susodicho título, con la alta calidad que acostumbra a su programación original, lo que provocó altas expectativas entre los fanáticos de Last of Us y su secuela, así como de los amantes de este tipo de historias (en este último grupo, ya saben quién, je). Más encima, cuando se supo que el protagónico masculino principal estaría a cargo de mi compatriota Pedro Pascal (el chileno vivo más amado en el planeta), los más ñoños tuvimos un motivo mucho más fuerte, para querer apreciar esta adaptación.
Cabe mencionar, que llevar a la pantalla chica o grande un videojuego, es algo bastante complicado, puesto que se trata de modalidades muy distintas entre sí y tan solo en el último tiempo se han conseguido resultados dignos de aplaudirse (uno de ellos, la recordada serie animada de Castlevania, la última película live action de Mortal Kombat, así como los dos filmes sobre Sonic y, ahora mismo, el super exitazo que ha sido Super Mario Bross). No obstante, The Last of Us tenía las de ganar desde el principio, puesto que detrás del material primigenio del videojuego, hay bastantes elementos dramáticos que aprovechar.
Estrenada a principios de este año (¡Plenas vacaciones de verano para mí!), nos cuenta de una singular pareja de protagonistas, un hombre de unos cincuenta años y una chica de 14, quienes se unen en circunstancias muy curiosas y viajan por un Estados Unidos sumido en la miseria tras la propagación del Cordyceps, el hongo “inteligente” que ha provocado la ruina de la civilización tal como la conocíamos (cabe mencionar que esta criatura sí existe e infecta a varios tipos de insectos a lo largo del mundo, convirtiéndolos en verdaderas monstruosidades manipuladas por el huésped). Ambos personajes son sobrevivientes y saben cómo enfrentar los peligros que los rodean y que no solo corresponden a los mutados, aunque claramente Joel (el hombre), lleva más tiempo y su experiencia que implica su vida antes de la pandemia, lo ha convertido en toda un “arma mortal”. La convivencia entre estos dos al principio resulta bastante forzada, puesto que hay desconfianza y sus mismas pérdidas recientes los han vuelto personas difíciles de llevar; no obstante, a lo largo que van avanzando los 9 episodios que comprenden la temporada debut, la relación entre ambos se estrecha, al punto de sobrecogernos con el afecto que ha nacido entre los dos (y la misma química entre los actores, resulta bastante bien conseguida). Asimismo, Ellie, la chica que se ve obligada a depender de un desconocido, para recorrer el ahora peligroso Estados Unidos, con un propósito de características heroicas, es junto a su protector un personaje potente y quien de inmediato se gana nuestros corazoncitos ¡Y en verdad que sufrimos con lo que le pasa a esta pareja no tan dispareja! También gozamos con esos pequeños momentos de dicha, por los que pasan estos dos.
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Uno de los "mostros" de la serie. |
Ellie es interpretada por la hoy estrella juvenil Bella Ramsey, a quien podemos recordar por su papel en las últimas temporadas de Juego de Tronos¡Y pensar que el mismo Pedro Pascal, también actuó para el programa sobre la saga aún inconclusa de George R. R. Martin, aunque antes este y su actual colega de reparto, nunca estuvieron juntos en escena! Cabe mencionar que, salvo la Ramsey y Pascal, ningún otro artista comparte el protagonismo, puesto que el argumento gira en torno al viaje entre los dos, quienes sin proponérselo se han convertido en una familia. Sin embargo, sí aparecen un par de recurrentes, entre ellos una dura mujer interpretada por Anna Torv, a quien aprendimos a adorar gracias a la hace rato cancelada Fringey quien aparece en los primeros episodios irreconocible, gracias al maquillaje y a su formidable interpretación. Conoceremos a otros personajes que harán su aporte durante un episodio, contándonos historias más o menos autoconclusivas, las que le darán mayor dramatismo al show; ninguna de estas es mero relleno y todas nos logran tocar las fibras más sensibles, aunque aquella que nos muestran en el tercer episodio, bien puede ser la favorita de muchos, puesto que se encuentra tan bien contada, al punto que los mismos protagonistas apenas salen en ella (no quiero contar más al respecto, para que no me acusen de hacer spoilers, si bien diré que mi sobrinito de 13 años lloró un montón con este capítulo, que yo no lo hice porque sentí “envidia sana”, por no tener una historia de amor personal tan bella como esa).
La ambientación es increíble, que los exteriores de las ruinas y los paisajes naturales en los cuales se ve el deterioro de la ciudad y los pueblos, fagocitados por la vida silvestre que está tomándose de nuevo el resto del planeta, nos transportan con facilidad a esta realidad de pesadilla. Por otro lado, por mucho que se trate de un programa “de zombies” (bastante sui generis, por cierto), hay capítulos en los que estos ni siquiera aparecen y la verdad es que ni se les echa de menos ¿La razón? Los guiones priman los conflictos de los personajes, muchas veces relacionados con su pasado (se les dedica bastante metraje a los flashbacks, sobre lo ocurrido antes de que Ellie y Joel se unan), así como los conflictos que van surgiendo al conocer a nuevas personas (todo se ha vuelto más complicado, desde que la gente se vio obligada a “sobrevivir” y no a vivir con los lujos de antaño, de ahí lo difícil de poder contar con otros como aliados, sin arriesgarse a ser traicionado o convertido en víctimas de los más fuertes y/o sin culpa alguna). No obstante, cuando las criaturas aparecen, son bastante siniestras, que hay unos cuantos subtipos de ellas y sus diseños resultan muy interesantes. Por cierto, Gustavo Santaolalla vuelve a componer la banda sonora, primando en ella las cuerdas (y en especial la guitarra acústica, tal como en el videjuego) y para sus preciosos créditos iniciales (sencillos, aunque muy simbólicos), repite uno de los temas más famosos del videojuego; no obstante, tampoco se trata de una música que pueda considerar como algo magnífico, que hay shows televisivos con mejores temas (como The X-Files, Buffy, Andor o The Flash), pero al menos se deja escuchar. A su vez, debo decir que la violencia está muy bien abordada, que, si bien es bastante gráfica, es realista por cuanto se justifica en medio de esa sociedad que ha sacado lo peor y lo mejor de la gente.
Por cierto, Pedro Pascal no solo se ha vuelto una estrella top del momento (desde hace años la verdad), sino que ha conseguido estar al aire al mismo tiempo, nada menos que en dos exitosos programas televisivos de distintas cadenas. Solo porque ahora las series tienden a poseer pocos episodios y no retienen tanto a sus actores como antaño, Pascal ha hecho casi en paralelo la tercera temporada de The Mandaloriany esta primera de The Last of Us. Y el maquillaje que lo hace verse envejecido, más bien marcado por tanto dolor, es asombroso; así como plausible es lo bien que le sale este personaje, tan diferente al heroico Din Djarin del universo de Star Wars, entre otros que le hemos apreciado interpretar. En todo caso, pese a que se trata de historias muy distintas entre sí, con públicos objetivos diferentes, hay temáticas en común entre ambas producciones y no podemos negar que la odisea emprendida por el endurecido Joel para proteger a Ellie (quien le ayuda a redescubrir su lado más dulce, que por años creyó había muerto), recuerda mucho al propio periplo físico e interno por el que pasa el otrora solitario “Mando”, desde que Grogu fue ganándose su corazoncito. Y es que ambas producciones tratan acerca de la redención, de la posibilidad de reparar nuestros errores del pasado, del poder que tiene el amor para transformarnos, algo que por mi parte me llega mucho.
Créditos de apertura.