Viví mi infancia entre los setenta y los ochenta (puesto que nací en 1975), pero los recuerdos que mantengo sobre el tema que hoy nos reúne comienzan a partir de la segunda década que menciono. En aquellos años y durante mucho tiempo, desde que llegó a principios la tele a Chile, habían pocos canales y solo en los noventa aparecieron dos más (Mega, sintonizado desde el 9 y La Red, correspondiente al 4). Los televisores eran con perillas redondas y la que correspondía a los canales solo contaba con 13 números para elegir (que en Santiago de Chile, ese era el correspondiente al canal de la Universidad Católica); aparte de los recién mencionado, en la capital estaba el 11 (de la Universidad de Chile), el 5 (cuyo dueño era la Universidad Católica de Valparaíso) y el 7 (perteneciente al gobierno de Chile). Si eras de la capital y viajabas a otra región, el número de los canales cambiaba y además bien al sur y al norte del país te encontrabas con los canales regionales, que no llegaban a Santiago.
Varias perillas más llevaban estos equipos, bastante pesados a la hora de ser cargados, entre las que estaba aquella que correspondía al color y otra a los tones grises. Estos aparatos usaban antena y era un engorro moverlas para que la imagen se viera bien, en el caso de que hubiera mala señal o interferencia; en ocasiones para conseguir mejor señal y/o si la antena estaba rota o doblada, se le ponía un alambre corriente para remediarla.
Las teles a control remoto eran carísimas y por años la única que vi y pude usar un resto, fue la que se compraron mis papá, pero que tuvieron que vender cuando fue la crisis económica de 1982.
No todos los canales tenían la misma cantidad de horas transmitiendo por día. El 11 y el 5 comenzaban hasta mediados de los ochenta a eso de la tarde y lo hacían de inmediato con su programación infantil. Las transmisiones terminaban cerca de la medianoche y luego en los noventa comenzaron a extenderse más allá, por lo general los fines de semana.
A veces uno estaba de lo mejor viendo sus "monitos animados", cuando tu mamá u otro adulto "pasaba el chancho" (la enceradora), ponía algo en la juguera o se ponía a soldar y entonces te estropeaba todo y la imagen se llenaba de rayas, hasta que solo cuando paraba todo volvía a la normalidad.
En un momento de los setenta que ignoro cuándo precisamente, llegó la televisión a color, pero mucho tiempo habían en las casa televisores en blanco y negro, lejos más baratos que los a color. Cuando se pudo acceder a la tecnología de la pantalla chica en los sesenta, solo los más acomodados podían contar con una (y ojo, recalco "con una", puesto que eran un verdadero lujo y por eso mismo contar con una en el dormitorio, era algo que solo los más pudientes podían costearlo); asimismo, no cualquier persona podía en años posteriores tener más de un equipo en casa y en el caso de contar con este, se mantenía en el living (lo que creo en otros países sería la "sala de estar" o quizás cómo llamen a este sitio, donde hay sillones para descansar y charlar) o en el comedor (igual, por lo general, la mayoría de los hogares de la tenían estas dos zonas conectadas entre sí, así que era solo cosa de cambiar la tele de lugar, la que muchas veces estaba sobre un mueble con rueditas en sus "patas" para verla). Cuando aún era muy caro tener un equipo a color y se emitía un espectáculo masivo, como un partido de fútbol (un Mundial o la Copa Libertadores de América) o de tenis (que me aburre más que el jueguito ese, de andar como gil detrás de una pelota), donde más encima participaban chilenos, se reunían vecinos, amigos y familiares en la casa de quien tenía tele a color, para disfrutar todos juntos de ello.
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Antigua tele a control remoto y si no me equivoco ese mismo era el modelo que tenían mis papás en casa. |
Volviendo a las teles en blanco y negro, recuerdo que desde mi punto de vista infantil, "había que ser muy pobre" para tener solamente una de estas en una casa, así que miraba con verdaderos ojos de lástima a quienes estaban en tan "triste situación". Sin embargo, llegué a tener mi propia tele en blanco y negro, por allá a finales de los ochenta, cuando uno de mis hermanos mayores me regaló una vieja que no usaba y ella por años fue uno de mis mayores tesoros.
Durante largo tiempo, los llamados "monitos" (lo que ahora uno con lenguaje ñoño más sofisticado, llama cartoons, seriales animadas y anime, según sea el caso), solo los daban en la franja matinal y en la tarde; tuvo que avanzar una buena cantidad de años, la década de los ochenta, para que apareciera un programa infantil icónico para mi generación, que se emitía al atardecer y a la "hora de once" (cuando en Chile comimos, por lo general pan y algo para beber caliente, más una que otra golosina y ello antes de la cena, si es que en la casa estaba instaurada esta última comida) y gracias al cual los pequeños de la casa podíamos ver más "monitos". Les estoy hablando de Pipiripao, del canal 5 y que duró hasta bien entrados los noventa. Años después le entró competencia, aún en los ochenta, cuando el 7 abrió su Señal 2, canal 9, dedicado por lo general al público infantil y que comenzaba a emitir más o menos al mismo tiempo que Pipiripao (luego en los noventa Mega, un canal privado, fue dueño del 9, mucho tiempo después de que dejó de existir la "Señal 2").
La idea de ver dibujos animados en la noche, era algo solo posible para Noche Buena y Navidad, que la programación estaba demasiado estereotipada en sus horarios. Por ejemplo, en la tarde después de almuerzo era el momento de ver las teleseries mexicanas, colombianas, argentinas, venezolanas y brasileñas (todo dependía del canal que las daba); luego tocaba una película para toda la familia o de tono más subido, aunque por lo general bastante cortada (en un canal se llamaba Tardes de Cine y en otro Cine en su Casa); le seguían a ello las teleseries nacionales; luego los noticieros y a partir de entonces, cuando se suponía que los niños se iban a acostar entre las 9 y las 10 de la noche, los canales "estaban facultados para transmitir programación para mayores de 18 años" (según decía una voz en off, luego de las noticias). Por lo general se pasaban series gringas y uno que otro programa de conversación y variedades, con invitados famosos chilenos o extranjeros (recuerdo Sabor Latino y en especial Martes 13, como también Viva el Lunes, este ya de los noventa). A partir del viernes y todo el fin de semana, la programación variaba bastante, con más alternativas para el espectador y todo terminaba, en los ochenta, los domingos al anochecer con Grandes Eventos y Best Sellers (uno del 13 y otro del 7 respectivamente o viceversa, que no recuerdo bien cuál correspondía a qué canal), que daban filmes "estrenos", aunque en realidad ya tenían sus añitos desde que los dieron en el cine y censurados más encima; al respecto, recuerdo que no sé hasta qué año de los ochenta, las pelis más encima las emitían en dos tandas, así que había que esperar una semana más para ver el final de la trama (¡Qué lata y qué rasca!).
Habían momentos especiales para extender la programación más allá de la medianoche: en diciembre con la Teletón y en febrero por el Festival de Viña, también para las fiestas de fin de año. Recuerdo que poco después del terremoto de 1985 (el primero de los tres que me ha tocado vivir), también se dejó de lado por un tiempo la restricción horaria.
Creo que fue ya avanzada la segunda mitad de los noventa, cuando llegaron a Chilito la televisión por cable y la satelital, de modo que eso cambió bastante el panorama al respecto...Pero eso es otra historia.
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Modelo ya noventero. |