I. Recuerdos y nostalgias propias. A mi queridísimo amigo Miguel Acevedo lo conocí hace más de 20 años, cuando estaba cursando el primer año de la carrera de Castellano en la UMCE (ex Pedagógico o Pedagógico para los más tradicionalistas y/o “izquierdosos”, con respeto y cariño de mi parte por ellos) y desde entonces se convirtió en uno de loss afectos más importantes de mi vida, compartiendo bellos momentos entre muchas alegrías y unos cuantas penas. Puedo decir sin vacilaciones que Miguel es una demostración empírica de que la fraternidad es uno de los dones más valiosos que Dios nos ha dado y que por ello hay que atesorarla de corazón. Ese día en que nuestros caminos se cruzaron, entramos juntos al curso electivo de Ciencia Ficción y Física (¿O era Ciencia Ficción y Astronomía?), siendo que quizás era la primera vez en Chile en que se impartía de forma seria y en un campus de Enseñanza Superior, un ramo sobre este tipo de literatura. Fue un bello semestre y lo aprobamos, por supuesto, con excelentes notas (luego yo me quedé como alumno ayudante del profesor durante unos semestres más). Pero lo más importante, que además me quedé ganando tan entrañable amigo; hubo otras personas con las que nuestros destinos se unieron durante esta etapa, algunas de ellas fueron tanto o más valiosas para mí (sin desmedro del lugar que cumple en mi existencia Miguelito y al respecto es que no puedo dejar de olvidar a César, primera vez en este tiempo desde que mantengo mi blog en que lo nombro), pero hoy en día me sobran dedos de una mano respecto a esos compañeros y compañeras a los que orgulloso mantengo a mi lado…y como ya se habrán dado cuenta, Miguel es una de esas personas. Con Miguel comparto el amor por las buenas historias, en especial esas de carácter heroico que a uno insuflan de las ganas de ser alguien mejor, que no solo te entretienen, sino que te hacen pensar y reflexionar. Por ende, es que tenemos un sinnúmero de personajes de ficción y reales a los que admiramos, entre héroes y villanos, y en especial a aquellas mujeres y hombres que nos han regalado tantas preciosas obras. Ya lo he comentado por acá más de una vez, Miguel fue una de las 3 personas que con su blog me inspiró a crear el mío. De este modo su Le dicen Poesíase constituyó en uno de mis primeros referentes, a la hora de querer comunicarme de esta, entonces para mí, nueva forma. Lo más increíble al descubrir su página, me fue el nombre que escogió Miguel para ella, pues en tantos años compartiendo nunca me había dado cuenta que a tal persona le gustara tanto la lírica (¡Y harto por cómo he llegado a saber!), género que bien poco me toca la verdad, salvo contadas excepciones. Por ende, uno nunca termina de conocer a su gente. La primera etapa del blog de Miguel está marcada por una producción rica de crónicas personales, que desde un principio me fascinaron y era obvio que fuese así, porque muchas de ellas tocan las telas de mis propios recuerdos y pasiones. Son textos cargados en la remembranza suya y la de una comunidad en la que nuestra propia historia como pueblo, a partir de la década de los setenta, se puede reflejar (unas veces con orgullo y otras con vergüenza) y al mirar hoy en día ille tempore, descubrir una parte muy especial de nuestra identidad y/o chilenidad. II. Recuerdos y nostalgias de mi amigo: El cine de antaño. Hace unos pocos meses atrás a Miguel unos amigos le compartieron un magnífico proyecto suyo: la creación de una editorial independiente y artesanal, a través de la cual publicar de forma popular y a muy bajo precio a autores consagrados (entre chilenos y extranjeros actuales y clásicos), como a artistas nacionales inéditos, aunque ya con cierta experiencia literaria a cuestas. La editorial en cuestión lleva el poético nombre de Ediciones GatoJurel y posee como logotipo una preciosa imagen que simula una estética algo retro, de los grabados de antes y donde, por supuesto, se ve a estos dos animales en muy cariñoso gesto. El libro, junto a otros del interesante catálogo de esta editorial, se lanzó el domingo 3 de mayo en el bello e histórico barrio de Concha y Toro, en la Plaza de la Liberad de la Prensa, en pleno Santiago Centro. Aquella ocasión se celebró el Día de la Libertad de Prensa, para lo cual se hicieron varias actividades culturales, entre la exposición y venta de libros y otros, además de lecturas públicas de varios de los que allí llevaban su arte al conocimiento de los presentes. Fue algo muy sublime esto, con gente alegre y amante de la cultura, que se veía ávida de descubrir este mundo que se abría para todos. Y así fue como Micky estuvo entre los artistas que presentaron en acto oficial su trabajo, dando lectura a una de las crónicas contenidas en su volumen (lamentablemente mientras mi amigo era la estrella del escenario, yo no llegaba aún al lugar, así que me perdí tamaño espectáculo). El tomo que no alcanza a poseer una cincuenta páginas (aunque sin embargo lejos más potente que esa “pornografía para mujeres casadas” que es Cincuenta Sombras de Gray) corresponde a una selección de las primeras crónicas del blog de Miguel y a las cuales en parte ya hice referencia más arriba. No obstante para tan magna ocasión, su autor les dio en algunos casos un pequeño barniz de modo de mejorarlas y además regaló a sus lectores con un inolvidable escrito inédito hasta el momento de publicar su selección. El nombre genérico para el tomo corresponde nada menos que a Cartelera de Cine y lleva en la portada una imagen para el recuerdo, de la publicidad de los viejos diarios capitalinos para los cines en los años setenta. Tal como reza el título y deja bien clara la portada ya mencionada, en pocas palabras el libro de Miguel trata acerca de algunos de los años de esplendor de esas viejas salas cinematográficas santiaguinas y colindantes. En estos escritos hechos desde la memoria y con el corazón a flor de piel, Miguel comparte con nosotros sus recuerdos de una época querida y donde el mundo era otro, cuando por unos pocos pesos reunidos con esfuerzo entre él, su hermano menor y amigos, todavía todos ellos unos muchachos, se pasaban horas y horas en esos rotativos que yo también tuve el gusto de conocer (aunque no en profundidad como nuestro artista). Por supuesto que existen otros personajes reales y de ficción en estas crónicas, no obstante el lector debe descubrirlos para encontrar en sus páginas los momentos en común que nos unen a los cinéfilos de aquella época y que ahora miramos el espectáculo del séptimo arte con los ojos en el mañana, aunque nunca perdiendo la memoria de estas primeras visitas a esas salas oscuras iluminadas por el proyector. III. Breve repaso a “Cartelera de Cine”. Son 9 las crónicas que se pueden encontrar a lo largo de su extensión y estas corresponden a las siguientes: 1. King Kong en Cartagena: Miguel recuerda el impacto que tuvo en Chile las “megaproducción” hollywoodense de King Kong de los años setenta y que increíblemente tal como nos revela, en realidad fue estrenada poco tiempo después de la premiere de un filme algo más antiguo y nipón, que con ingenio “disfrazaron” los que la trajeron a nuestras criollas salas, para aprovecharse de lo que se nos venía desde las tierras del Tío Sam. Ahora comprendo más que nunca el amor de mi amigo por este personaje y en realidad resulta impagable el recuerdo suyo que nos comparte. 2. El cine de terror en los años sesenta: Un genial repaso acerca de la producción gringa e inglesa de este género para el celuloide de aquella década. Sin duda el listado y los comentarios que hace su autor sobre todas estas joyitas, hacen que todo amante de este tipo de historias las ponga en su propio catálogo de pendientes. 3. La muerte de los cines de Santiago Centro: Miguel esta vez hace un recorrido por todas aquellas salas de cine de esta parte de la ciudad, que poco a poco fueron desapareciendo debido a la llegada de las nuevas empresas del rubro, dejándonos la huella de su paso por nuestro pasado más querido. 4. El antiguo cine Diana: Como muchos de nosotros, el autor fue (o es) un asiduo visitante veraniego del populoso balneario de Cartagena. Es así como en esta ocasión, rememora otra de sus salas que hoy en día es recordada solo por unos cuantos y que gracias a esta crónica la trae hasta nuestro ideario nacional. 5. Comentarios de algunas películas: Una carta real (supongo digital) escrita con mucho cariño por Miguel para uno de sus amigos y en la cual le cuenta y recomienda algunos de los últimos filmes que en aquella época vio y disfrutó. Esto de comentar entre nuestros pares aquellas obras que nos han logrado sobrecoger, es tan habitual entre gente como nosotros, que este documento bien puede a más de uno (e incluso a los miembros de las generaciones más recientes) identificar en nuestra faceta ñoña por excelencia. 6. Un adiós para Ray Harryhausen: Tras su partida de este plano terrenal, Miguel no podía dejar de homenajear a tan gran genio de los efectos especiales y que tantas maravillas nos regaló desde pequeños (¡Y yo tuve la suerte de ir a ver de pequeño Furia de Titanes al también extinto Cinerama de Santa Lucía…y me tapé los ojos de terror más de una vez!). 7. A propósito de la muerte de Glen A.Larson: En esta ocasión el escritor hace su despedida al creador de la serie icónica de Battlestar Galactica y otras más; siendo que aquellos años a los que remiten muchas de estas crónicas, en países como el nuestro se estrenaban en los cines, con bombas y platillos, producciones para la televisión como la ya mencionada. 8. Phillip K. Dick en el cine Capri (un recuerdo de mi padre): El esperado texto inédito de esta selección y donde Miguel comparte con sus lectores una emotiva historia real que le contó su padre y donde este fue testigo de un bello gesto espontáneo en honor a dicho autor tras su muerte y en uno de nuestros humildes cines de antaño. 9. Adiós, Leonard Nimoy: El texto más reciente de toda Cartelera de Cine, corresponde al homenaje personal de Miguel para este fabuloso artista, que como pocos tocó con su trabajo y humanidad a tantos. A su vez fue el escrito suyo que inspiró al mío, para no dejar de tener presente en nuestra memoria a alguien tan querido como nuestro “Señor Spock”. IV. Palabras finales. Miguel tiene pensado sacar una versión aumentada de su libro, pues en realidad la planificación de esta obra suya fue algo apurada y aún así lo llena de orgullo, como también a nosotros quienes lo queremos. Para todo aquel que desee adquirir esta recomendable recopilación de crónicas, lo puede hacer por la módica suma de $ 2.000 (¡solo dos lukitas!) y para ello soy “distribuidor autorizado” o comunicándose directamente con él por medio de su propio blog. Hasta una próxima ocasión. V. Actualización de la crítica a Cartelera de Cine. Terminé este escrito haciendo referencia al deseo de mi amigo Miguel de sacar prontamente una nueva edición de su libro, más estilizada ahora gracias a que el apuro ya no impediría realizar un mejor trabajo (para alegría suya y la de muchos) y con otros textos de su autoría. Pues bien, no se cumple aún el mes desde que redacté estas palabras y las subí aquí a mi blog… ¡Y Miguel ha cumplido su promesa con premura! La segunda edición aumentada y corregida mejora la calidad de la tapa y agrega colores, en especial porque la foto que se ve en su interior de un viejo cine de Cartagena, ahora se aprecia en toda su maravilla al dejar el blanco y negro. Asimismo los editores cambiaron el logotipo de su proyecto por uno por completo de su autoría, ya que el anterior (que igual me agradaba bastante) era sacado de Internet y ello les podría acarrear problemas legales; no obstante el nuevo aunque más sencillo, demuestra su buen gusto y en especial en el arte que acompaña al nombre de la Editorial. Tres son los agregados a esta nueva edición y que no dejan de ir en la misma sintonía del resto de las crónicas aquí reunidas; de este modo la nostalgia y el amor por aquellos gloriosos años del cine de antaño, como por todo lo relacionado con el séptimo arte, no dejan de hacerse sentir para el lector que se deleita con este libro en sus manos. A continuación un breve comentario para cada uno de estos textos: 1. Sobre Ray Bradbury: Escritor amado y respetado por tantos, era de suponer que para alguien como Miguel también estuviese entre sus predilectos. Este trabajo suyo comienza con una cita al bello poema que inspiró uno de sus cuentos más famosos, Vendrán lluvias suaves y que forma parte de su colección de relatos más importante: Crónicas Marcianas (de hecho el propio Bradbury lo consideraba su mejor cuento). En esta ocasión Miguel nos regala una vez más con sus recuerdos, los que atienden en esta ocasión a sus primeros pasos junto a tan soberbio artista, para luego hacer referencia a las adaptaciones cinematográficas de su obra, unas mejores que otras. 2. Sobre Richard Matheson: Quien adora a Bradbury, si también ha conocido a Matheson, no puede dejar de ponerlo también en su panteón personal de dioses de la literatura. Es así que tras su fallecimiento, Miguel no ceja en dedicarle su sentido homenaje, al cual agrega acá su opinión sobre una pequeña referencia que salió en un conocido diario chileno cuando pasó esto y además incluye una grata sorpresa que le trajo su propio escrito de parte de otro destacado escritor. Un humilde servidor como yo, no puede sentirse más halagado por haber incluido en este texto un fragmento al respecto, sacado de su (mi) propio blog. 3. Una tarde de verano en Cartagena: La actual edición en que aquí nos detenemos, cierra con otro significativo ejercicio de la memoria y que cuenta cómo el autor de algún modo estaba destinado a conocer a Ximena, su compañera de toda la vida. Al respecto no podía faltar el séptimo arte, que los unió en aquella ocasión que da título a esta crónica y que más bien fue la semilla de todo lo que más adelante vendría entre ellos dos. |
Una foto para el recuerdo: Miguel, yo y Ximena, la adorable señora de mi amigo, en mi cumple n° 36 (algo "viejita" la foto, pero uno se mantiene con más que con dignidad). |
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Hoy hablaré…sobre mi amigo Miguel y su fabuloso libro.
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